Mucha gente disfruta de encender palos de incienso, encontrando momentos de tranquilidad en el remolino de humo.Sin embargo, esta práctica aparentemente pacífica puede estar dañando silenciosamente su salud, especialmente su cerebro.
En los últimos años se ha visto una creciente investigación sobre los impactos de la quema de incienso en la salud.o mejoramiento atmosférico, el humo producido contiene sustancias potencialmente nocivas, como las partículas finas (PM2,5), el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno,y hidrocarburos aromáticos policíclicos, todos conocidos por causar daños a largo plazo en los sistemas respiratorio y cardiovascular cuando se inhala con regularidad..
Los estudios sugieren que la exposición prolongada a la contaminación del aire se correlaciona con deterioro cognitivo, neuroinflamación,y un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativasAunque el humo del incienso suele contener concentraciones de contaminantes más bajas que la contaminación del aire exterior, su uso frecuente en espacios cerrados crea efectos acumulativos que no deben ignorarse.
La evidencia científica indica cuatro mecanismos principales por los cuales el incienso puede dañar la salud cerebral:
Para proteger la salud neurológica, los expertos recomiendan reducir la frecuencia del incienso, garantizar una ventilación adecuada o considerar alternativas más seguras como los difusores de aceites esenciales.Mientras que la búsqueda de la relajación sigue siendo importante, estas precauciones ayudan a mantener la paz mental y el bienestar físico.